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27 febrero, 2015

¿Hacer cultura? ¿Para qué?

Todas las personas hacemos cultura; sólo que algunos haceres son más visibles que otros. Cuestión
de recursos, de capacidades, de prestigios y, por qué no, de poderes diferentes.
La mayoría de las personas hace cultura de un modo inconsciente y en el acto mismo del vivir cotidiano; otras de un modo deliberado, con objetivos precisos. Entre unas y otras todas las graduaciones son posibles para este hacer cotidiano, social e histórico que pretendemos englobar bajo el concepto genérico de hacer cultura.
"Lo cultural" está cada día mas presente en la agenda pública, por lo menos en el plano discursivo. Casi no hay pagina de diario donde, por una u otra razón, no se mente "lo cultural" como origen de los mas diversos fenómenos: desde los accidentes de tránsito hasta el calentamiento global parecen depender de un cierto sustrato humano al que llamamos cultura. Sobre el que se predican las más diversas formas de intervención publica o privada o, mejor aun, ambas a un tiempo.
Las personas hacen cultura a través de pequeños gestos. Decisiones mínimas que, a través de procesos complejos, a veces incognoscibles, devienen cultura.
Cuando alteramos la forma de preparar un alimento o incorporamos un producto nuevo a nuestra vida cotidiana estamos haciendo cultura en el sentido mas amplio del término.
Cuando decidimos ir a ver un espectáculo musical y no otro; o no ver ninguno; estamos haciendo cultura.
Cuando algunas formas sexuales pasaron de ser practicas prostibularias o clandestinas a una opción más dentro del juego amatorio de cualquier pareja estamos haciendo cultura.
Porque la cultura esta hecha de esos pequeños gestos cotidianos que ejecutamos porque sí; porque nos placeen, porque acostumbramos. Son reiteraciones de un antiguo mapa mental que hemos heredado en su mayor parte; que hemos adquirido por la educación o, incluso, por el peso creciente de las industrias culturales.
Quizás, "el principio del placer" de Sigmund Freud o ese "interprete" memorioso y acomodaticio que, según las neurociencias, aloja nuestro cerebro para orientar nuestro vivir cotidiano.
Un repertorio cotidiano provisto por la cultura sobre el que vamos escribiendo cambios y permanencias según las movedizas condiciones de nuestros entornos físicos y simbólicos.
Claro que algunos de esos cambios son simples modas pasajeras sin otra consecuencia que su rápido reemplazo. Pero otros, tal vez los menos, perfilan nuevos modos de ser humanidad.
El gesto - cuya complejidad merece más que este breve texto - es el espacio mas íntimo de ese hacer cultura; el lugar del libre albedrío mismo.
El gesto puede consistir, en un extremo, en hacer existir aquello que podría no existir. Y entonces ya estamos creando un mundo que resulte más habitable. Y aun así no ser conscientes del impacto cultural - integral - que puede tener nuestro gesto.
Todo gesto entraña un sentido que pude ser instrumental como cuando ensayamos un modo nuevo de hacer algo. O simbólico cuando significamos un afecto, un artefacto o una ilusión.
¿Cuándo fue, por ejemplo, que los varones argentinos empezamos a saludarnos con un beso en lugar del tradicional apretón de manos?
Gesto y sentido son inseparables. Y, como tales, embrión de cultura. Pequeñas decisiones cotidianas, voluntarias o no, instrumentales o significadas, que articuladas con comportamientos colectivos adquieren dimensión de cultura.
El gesto, aun cuando fuere casual o involuntario, siempre esta situado entre un cierto horizonte simbólico que define lo que podemos imaginar hacer y un suelo o nicho ecológico concreto que presiona como límite y plataforma.
El gesto entendido como simple voluntad de estar ahí apunta siempre a un vivir digno o significado - con sentido - desde la cotidianeidad del vivir. Reflejo de cultura - estrategia de vida, decía Kusch. El gesto es expresión del mero estar cuando remite a la simple necesidad de vivir. Su aparente pasividad encubre un comportamiento - casi - ritual como el de quien se persigna frente a la imagen de la virgen María entronizada a la entrada al tren subterráneo en, por ejemplo, la estación Constitución de Buenos Aires. Eso corresponde al pueblo que pasa y celebra porque vive.
En estos casos el gesto es un residuo del rito; una suerte de hermano menor que en lo cotidiano memora y reinstala la conciencia mítica reiterando un gesto ritual sin ser el rito en sí.
Otra cosa es entronizar la imagen de la virgen porque ahí ya hay un plan, una política. Un acto deliberado en suma, que se imagina, se proyecta y luego se ejecuta.
Hay ya una cierta vocación de poder o, cuando menos, de establecer algún tipo de vínculo con él.
La cultura aparece entonces con un sentido explícito que busca ser de una determinada manera y no de otra. Que proyecta una valoración del mundo y las formas de habitarlo.
Aunque a veces se enmascare detrás de elementos técnicos o del más refinado concepto de buenas prácticas las políticas culturales siempre instalan un sentido.
Las técnicas son necesarias, aún imprescindibles porque construyen capacidades, pero cuando se proponen como sustituto de una cultura devienen subterfugio. Porque hacer cultura supone, ya lo dijimos, instalar un sentido del vivir en comunidad.
Capaz, parafraseando de nuevo a Kusch, de fagocitar todo lo necesario para hacer cultura, incluso las técnicas, desde el propio sentido.
Un sentido que debemos hacer explícito para que sea honesto y promueva convivencia. Porque cuando se escamotea huele a dominio enmascarado. A poder que se oculta.
Todas las formas de poder – aún las más perversas – han proyectado una cultura. De allí la necesidad de exponer los mapas de la cultura y de aquello que solemos llamar lo cultural y sus construcciones implícitas de sentido.
Abrir el mapa significa preguntarse por los protagonismos y las valoraciones ¿El hacer de quién se privilegia? ¿Por qué un obrar es arte y otro artesanía? ¿Por qué los organismos culturales tienen el diseño que tienen? ¿Cómo se definen los presupuestos culturales?
Para promover mejores convivencias necesitamos explicitar, criticar, revisar, de-construir y reconstruir permanentemente el hacer cultura de cada comunidad. Y los mapas culturales que le dan sustento, justificación histórica. Hacemos según el mapa cultural desde donde actuamos; un guión implícito que gusta de ocultarse, volverse sentido común.
Como se dijo, las personas - y las organizaciones - hacemos cultura de un modo cotidiano y permanente si es que consideramos que cultura es todo lo hecho por la humanidad social e históricamente.
Donde lo social se articula de modos a veces misteriosos con lo individual ¿que hace que la creatividad de una persona, o un grupo de ellas, trascienda el tiempo y el espacio sino la persistencia social en valorarla aunque nunca nos pongamos de acuerdo en cómo ocurre esa valoración?
Históricamente porque cada obrar ocurre en un desesperado aquí y ahora donde formulamos, revisamos y cambiamos nuestras estrategias de vida.
Algunas personas e instituciones desarrollan ese hacer cultura como un hacer especializado y consciente: ejecutan políticas culturales para incidir en el devenir histórico de esas estrategias de vida.
Para concebir, planificar, ejecutar y evaluar esas políticas culturales han necesitado definir un término - cultura - que ha estado sometido a los vaivenes del poder de unas personas y sociedades sobre otras. Un poder que se legitima precisamente en un modo de entender y promover algunas formas de convivencia humana en desmedro de otras.
Desde este lugar es imposible hacer cultura sin sustentarse en un cierto modelo de cultura que, naturalmente, no es neutro en términos de derechos y obligaciones y que, con demasiada frecuencia, significan privilegios para unos y onerosas cargas para otros.
Desde la esclavitud y los varios apartheids que supimos construir hasta las exclusiones varias que aun hoy sufren nuestras sociedades, la condición humana se ha basado en distintos modos de hacer cultura que construyeron entre sí relaciones polifacéticas y complejas. Heterogéneas, cambiantes, complejas y conflictivas; nos recuerda siempre Santillán Güemes.
La experiencia humana construye una apropiación planetaria que - en un sentido amplio - podemos rastrear hasta el principio de los tiempos. Los viajes de Marco Polo o la circunvalación del planeta son puntos de inflexión en ese proceso.
La globalización - entendida en su especificidad económica y financiera - es un momento de ese proceso de más largo aliento. La pequeña y la gran historia en términos de Kusch.
Una globalización que está sostenida por la superposición de las más diversas matrices de poder que abarcan desde la vida religiosa de los pueblos hasta los sistemas de distribución de contenidos de todo tipo: socialización, entretenimiento, arte, educación, etcétera.
Sus resultados – los de la globalización – están a la vista; alcanza con leer las conclusiones del informe NUMA 2013 o, para ser más claros, sus advertencias sobre la crisis ecológica terminal que vive el planeta para entender que el actual orden global no sólo es injusto – que ya sería bastante – sino profundamente riesgoso para el sostén de la vida humana misma. Y sin embargo está sostenido por unos modos de hacer cultura que desplazaron, y siguen desplazando, a otros posibles.
No es este el lugar para un análisis pormenorizado de estas matrices de poder que intentan gobernar el mundo pero sí para decir que el hacer cultura no puede ser indiferente a sus tensiones, conflictos y oportunidades. Y de hecho, cuando así se pretende, resulta sospechoso por lo que calla.
Hay, por lo menos, tres aspectos críticos en cualquiera de los modos de hacer cultura sobre los que debiéramos llamar permanentemente la atención:
- la matriz energética de nuestras sociedades por ser la principal amenaza a nuestro nicho ecológico; su concentración en pocas manos; cómo se vincula con nuestros hábitos de consumo; de transporte; con nuestros modos de vivir, en suma.
- la matriz de distribución del ingreso en tanto representación, por un lado de la dignidad de la vida humana y por otro de la inviabilidad de un consumismo insostenible para la salud del planeta tanto como para la convivencia entre la opulencia de unos y las más absoluta marginación de las mayorías.
- la matriz cultural planetaria que no termina de suprimir todas las tendencias etnocéntricas incubadas durante la modernidad pero que tampoco debiera consagrar un relativismo cultural que, en su nombre, tolere las más flagrantes violaciones a los derechos humanos. La situación de la mujer en algunas sociedades es un claro ejemplo del límite imprescindible a la diversidad cultural.
Las tres – y sólo como extremos – se pueden sintetizar en una cuestión de la cual el hacer cultura no puede extrañarse a riesgo de volverse inhumano: la distribución del poder material y simbólico entre las personas y las naciones.
Por eso el hacer cultura siempre debe entrañar alguna distancia con el poder. Mínima a veces; hasta el más crudo enfrentamiento otras. Cuando esa distancia se pierde corre el riesgo de volverse simple propaganda oficialista sin que importe el color del oficialismo.
Poco importa que el oficialismo lo sea de un gobierno, de una ideología, de una corporación multinacional o de cualquier forma de concentración del poder.
De lo cual se deriva la cuestión paradigmática ¿Para qué hacer cultura? Para ser humanidad; la única especie animal que desarrolló conciencia de sí misma y, por tanto, necesita explicarla, significarla. Y proyectarla en el tiempo y el espacio de la gran historia sin perderse en los intersticios de las pequeñas historias de las elites, de cualquier naturaleza, incluso las llamadas elites culturales.



¿Hacer cultura? ¿Para qué? II

(Viene de nota anterior) Significación cuyas primeros pasos se hunden en la conciencia mítica de la
humanidad. Desde el mito griego de Prometeo que roba el fuego y las artes a los dioses para dárselos a la humanidad sufriendo luego un castigo eterno, hasta la humanidad de maíz del Popol Vuh de los mayas todos los pueblos del mundo han explicado en mitos el origen de la cultura asociándolo al diálogo con los dioses.
La filosofía y la ciencia también han intentado explicar esta necesidad tan humana de construir sentido. Clásicos como la Caverna de Platón o El Porvenir de una Ilusión de Sigmund Freud son algunos de los infinitos ejemplos posibles.
Si hay un tema común en estos – y otros – textos es el de la ascensión. A los dioses, al conocimiento o las formas científicas que la modernidad supuso superiores. Pero siempre se trato de ciertos sacrificios para elevarse, a los dioses, a la razón o a la ciencia. Dialogar con un sentido trascendente.
Sentido trascendente para dar cuenta del ser humanidad en cada encrucijada tiempo espacio; el aquí y ahora presionado por la gran historia.
Un espacio planeta sobre el que transcurre la experiencia humana en un tiempo cuyas coordenadas se mueven más rápidamente por unas tecnologías digitales que ponen la otredad en el centro de nuestros hogares. Realzando paradójicamente la importancia del espacio y el tiempo local en una convivencia francamente caótica.
Esta relación global / local al que algunos autores han llamado glocalización es uno de los principales desafíos del hacer cultura de nuestro tiempo.
Un planeta mundo y nicho ecológico único pero sometido a tantas representaciones simbólicas como porciones de experiencia humana hemos sabido desarrollar. Cuyas condiciones ambientales son cada día un poco más inestables y donde ya no es posible pensar en el aislamiento como salvoconducto: el cambio climático afecta por igual – o casi – a quienes más contaminan que a las culturas que ancestralmente han sacralizado a la madre naturaleza.
Un planeta mundo que además de objeto físico es también, y cada vez más, objeto de diseño: los modos de transitar su geografía; de obtener los recursos para la vida; de cerrar o abrir pasos físicos – el canal de Panamá para citar lo evidente – y simbólicos mediante fronteras ideadas para aislar a los empobrecidos de siempre.
Un mundo diseñado que hemos heredado de la historia pero también un diseño que podemos cambiar si ponemos en crisis nuestros mapas culturales.
Y una sociedad mundo que aún no se libra de las tensiones raciales, religiosas y económicas heredades de la modernidad.
Una era que se caracterizó por la pretensión de uniformar la experiencia humana detrás de los valores de una cultura superior - la occidental - a la cual el resto de las comunidades debían aspirar para salir de la barbarie y el atraso.
En nombre de esa superioridad cultural se cometieron atrocidades de todo tipo: el nazismo y el stalinismo fueron, en algún sentido, la consumación técnica de esos "ideales".
El vaciamiento cultural de los pueblos sometidos fue la regla de la modernidad. Y eso no ocurre sin costos humanos de todo tipo, incluso para el dominador.
Necesitamos construir un nuevo paradigma que haga posible una multiculturalidad global más preocupada por la convivencia que por los flujos financieros. Pero esto no se hace volviendo al medioevo como proponen integrismos varios. Extremismos de distintos y enfrentados colores que sin embargo son socios a la hora de impugnar las nuevas convivencia posibles.
Promover – por caso – la guerra civilizatoria contra el islam es tan reaccionario como destruir las estatuas del Buda, decapitar gente frente a las cámaras, masacrar cristianos, negar derechos básicos a los tibetanos o mutilar mujeres.
La gran pregunta para hacer cultura en el marco de esta crecientemente conflictiva multicultaralidad global es ¿Como procesamos la diferencia?
Anclados en el pasado, como única dimensión de análisis, solo caben el miedo, la violencia "preventiva' y la venganza. Seguir quemando brujas y lapidando Magdalenas.
La única salida es ser capaces de diseñar una globalidad multicultural tan respetuosa de la diferencia como firme en la defensa de un piso mínimo para la convivencia: la declaración universal de los derechos humanos. U otra si esta resultara insuficiente pero alguna capaz de establecer un nuevo diseño para vivir mejor en un mundo mejor.
Pero al mismo tiempo necesitamos reescribir simbólica y materialmente el espacio local; la comunidad próxima, la del vecino de la otra cuadra porque es en esa instancia donde se juegan los aspectos más concretos de la vida: nacer, alimentarse, amar y morir. La digitalización del mundo no puede reemplazar la materialidad de estos actos. Podrá informarla, ampliarla en algunos aspectos, conectarla pero finalmente necesitamos tocarnos, sentirnos, olernos; allí nuestra corporeidad sigue pesando como en los albores de la especie.
No es posible imaginar el desarrollo del espacio tiempo local prescindiendo del espacio tiempo del mundo como no es posible lo inverso. Y ese desarrollo tiene una dimensión cultural de la cual el hacer cultura no puede desentenderse; aunque quiera.
Tiene, el hacer cultura, también un despliegue instrumental: cómo lo hacemos, con qué herramientas, qué conocimientos y habilidades necesitamos poner en juego.
Desde el artista que auto-gestiona su propio obrar hasta el administrador cultural de los grandes presupuestos son muchas las denominaciones que utilizamos para designar a las personas que se ocupan de hacer cultura.
La producción artística y cultural; la promoción sociocultural; la gestión cultural; la administración cultural son especificidades que con demasiada frecuencia son tratadas como meras sinonimias de un mismo hacer y que, sin embargo, son diversas aunque falte delimitar adecuadamente sus competencias.
Una delimitación que va mucho más allá de la precisión académica: son las partes necesarias de una cadena de valor que bien gerenciada tiene una enorme significación.
En primer lugar porque genera el sentido de comunidad, destino compartido, necesario para la convivencia planetaria. Y también porque supone recursos económicos, puestos de trabajo y proyección hacia los mercados globales.
Muchas de las personas que participan del hacer cultura se horrorizan cuando hablamos de gerenciamiento, cuotas de mercado, participación en el producto bruto y otras consideraciones económicas.
Pero lo cierto es que los mercados culturales representan entre un tres y un cinco por ciento de la economía global. Las variaciones en el número tienen que ver con la diversidad de fuentes y metodologías para realizar estas mediciones.
En cualquier caso vale la pena, para encuadrar el debate, recordar que según García Canclini el
complejo audiovisual es el segundo rubro de exportaciones de los Estados Unidos. Que el mercado cultural global beneficia en primer lugar a USA con una participación del 55%; a Europa con un 25%; a Japón y Asia con un 15%. Y que América Latina obtiene sólo un 5% de ese mercado.
Por eso cuando hablamos de hacer cultura debemos incluir esta dimensión económica no porque reduzcamos la cultura al mero mercadeo sino para obtener, también nosotros, los beneficios de nuestro trabajo. Y para que el diseño de ese mundo multicultural del que hablábamos párrafos atrás no se haga sin nuestras voces y sensibilidades.
En términos instrumentales necesitamos entrenar nuestro hacer cultura en todos los planos y niveles; un proceso que en nuestra región comenzó hace apenas algunas décadas y de el que ya es tiempo de hacer análisis, obtener conclusiones y afinar nuestro desempeño. Sobre todo con miras a lograr la profesionalización de quienes se gradúan en nuestros institutos técnicos y universidades.
Capital humano muchas veces desaprovechado por la persistencia de una visión de muy corto alcance del hacer cultura que reduce las instituciones culturales a meros adornos del poder político, social y económico.
Por último el hacer cultura tiene un diálogo académico que seguir construyendo con las ciencias que pueden dar sustento a sus capacidades: las ciencias del poder – derecho, economía, ciencias políticas – las ciencias sociales en general con un acento mayor en la antropología y la historia y con la estética en tanto meta discurso sobre los lenguajes artísticos.
Un diálogo destinado – si cupiera, el debate no es menor – a construir su propia especificidad científica.
El hacer cultura es hoy una práctica de innumerables rostros, necesitada de delimitaciones más precisas en sus especificidades; en pleno proceso de profesionalización y que está debatiendo sus necesidades y potencialidades académicas. También una actividad económica crecientemente significativa. Pero sustancialmente es una actividad que construye sentido para vivir en plenitud; para ser humanidad. Sin la dimensión del sentido de la vida, el hacer cultura queda reducido a una mera técnica.

01 diciembre, 2014

9 de junio: día nacional de las músicas

En estos días se ha debatido - y bienvenido sea el debate - la idea de establecer el Día Nacional de la Musica conmemorando el nacimiento del flaco Spinetta.
Una carta de Juan Falu puso en discusión la conveniencia de tal decisión sin poner en tela de juicio el talento musical del flaco. Algo, el talento musical de Spinetta, en lo que estamos todos de acuerdo. 
Lo primero que se nos ocurre es que la expresión Día Nacional de la Música es, cuando menos, equívoco ya que la música es, en sí misma, uno de los lenguajes más universales.
Los que forman parte de un espacio nacional u otro - esto es unas condiciones de creación y no otras - son los músicos.
Son los autores, compositores e interpretes quienes crean en este lugar o desde este lugar un modo particular de expresar aquel lenguaje universal. Y, por tanto, son estas personas quienes merecen el agradecimiento y homenaje de toda la sociedad argentina.
Desde esta mirada ¿Por que no establecer como Día Nacional de los Músicos el día de fundación de SADAIC? La entidad que desde 1936 custodia y defiende los derechos de autores, compositores e interpretes.
En primer lugar estaríamos celebrando un hecho colectivo ya que, más allá del rol protagónico que tuvo Francisco Canaro, fueron los músicos de aquella generación quienes lograron un reconocimiento legal que antes no tenían y ahora se estaría ampliando. Y estaría muy bien que los y las músicas actuales celebren aquella herencia.
Por otro lado es bastante frecuente que los colectivos laborales - en este caso trabajadores de la música - celebren su día en consonancia con el reconocimiento de sus derechos o la fundación de sus organizaciones representativas.
Y por último, aunque no menos importante, se trata de una entidad que no distingue géneros ni estilos sino que custodia a toda la gente de la música por igual.
El 9 de junio es una fecha oportuna para celebrar el trabajo de todas nuestras músicas. Por lo menos, vale la pena debatirlo.

27 mayo, 2013

El valor de las instalaciones culturales


Las instalaciones culturales son tales porque involucran un valor simbólico que excede su mera
materialidad. Son más que ladrillos, hierros y maderas o colecciones.
Tienen también un valor por el impacto que generan en sus comunidades tanto en términos de identidad y pertenencia cuanto en aporte económico concreto. Esto último, lo habíamos visto ya en una nota anterior, depende en buena medida de que se genere un determinado modelo de negocio alrededor del valor simbólico y de su utilidad física.
Pero además tienen un costo asociado al mantenimiento de la instalación, a los empleados que las hacen funcionar, etcétera.
Son una ecuación económica entre los recursos que generan y los aportes y gastos que requieren.
Sobre esto charlamos en nuestro programa de radio con Antonio López Crespo y Ricardo Santillán Güemes a propósito del impacto de los recurrentes recortes presupuestarios que suelen sufrir los organismos de cultura.
Ricardo aportó los conceptos de atelia (sin dirección) e hipertelia (una dirección demasiado rígida) así como una idea sobre la que ha trabajado mucho tiempo: el juego de luces y sombras que se da en torno a los fenómenos culturales. Cómo ocurre que frecuentemente los presupuestos obvian invertir en aquellos aspectos que siendo imprescindibles para el desarrollo de políticas culturales no tienen suficiente luminosidad.
Es que las políticas culturales también suelen ser víctimas de modas pasajeras. De pronto se instala una buena idea, por ejemplo la de marcas culturalesglobales que luego, crisis mediante, resultan excesivamente “pesadas” para presupuesto achicados.
Podes escuchar el audio en el siguiente enlace:


Entrada Relacionada:

23 abril, 2013

Cambios y permanencias en el mercado del libro


publicada por el suplemento económico del diario Clarín de Buenos Aires. Se dan allí algunos datos que conviene tener presente para pensar este sector de la actividad cultural:
  • La venta de libros digitales se está acelerando año a año y mes a mes. Según el ISBN en cita de la Cámara Argentina del Libro el registro de E-books ya representa un 17% del total.
  • La producción de libros en papel cayó un 8% durante el 2012 aunque según las fuentes consultadas esto se debería más a la propia economía del sector que a la competencia del libro digital.
  • En el primer trimestre de 2013, las exportaciones de libros cayeron un 36% en valores y un 39% en cantidades. Las importaciones, casi el doble: en valores, 57% y en cantidades, 76%.
  • Los datos finales del 2013 podrían mejorar debido a la compra de libros para las escuelas públicas por parte del estado nacional: unos 317 millones de pesos distribuidos en 77 editoriales.
  • En nuestro país hay 560 editoriales; 400 de ellas pequeñas y medianas y agrupadas en la Cámara Argentina del Libro; el resto, las más grandes del mercado, se agrupan en la Cámara Argentina de Publicaciones.
  • En la Argentina – como en el resto del mundo – la multiplicación de las editoriales tiene que ver con las llamadas editoriales de nicho. Se ocupan de temáticas muy específicas y con tiradas que no interesan a los grandes jugadores del mercado.
  • El sector más amenazado por el crecimiento de la edición digital son las librerías ya que el negocio electrónico favorece la intermediación. En la Argentina hay una librería cada 15000 habitantes y en Buenos Aires el doble.
  • Las librerías, para sobrevivir, deberán mejorar su rol de “curadoras” del mercado del libro y convertirse en verdaderos espacios culturales.
  • Los libros infantiles representan el 15% del mercado, la ciencias sociales el 17% y la “literatura” el 26%.
  • Los dispositivos de lectura de los libros digitales no han crecido, en nuestro mercado, tanto como se esperaba. Así y todo en el 2012 se vendieron 434000 tabletas y se estima unas 650000 para este año. Los lectores electrónicos (e-readers) no hay una oferta sistemática debido – sostiene la nota – a trabas burocráticas. Una empresa dedicada a su importación dice haber vendido unas 10000 unidades en 2011.

En una nota titulada “Librosdigitales: nuevo cacharro cultural” ya nos habíamos ocupado del tema del libro electrónico en sí y sosteníamos: Para la gestión cultural la edición digital es una oportunidad inmensa desde todo punto de vista. Pero también un desafío: no se trata de ofrecer texto en una pantalla sino de crear contenidos digitales para un público que también habrá que ayudar a construir.
Ese público se está construyendo a juzgar por el avance de la tablet como aparato de acceso a la web. Una materia que parece estar sin resolver todavía es el lugar de las librerías independientes dentro de este mercado. Es interesante la idea de ampliar el campo de las librerías hasta convertirlas en verdaderos centros de difusión cultural pero es por ahora sólo eso: una idea interesante.

12 marzo, 2013

Inteligencia colectiva, desafío cultural

Las redes digitales son una herramienta poderosa para el desarrollo de la inteligencia colectiva Una habilidad que está en el centro del desarrollo cultural de la especie.
Cada persona aporta una cuota de talento que, combinada con la de sus pares, da por resultado un todo mayor que la mera suma de las partes.
Un texto ya clásico sobre el tema dice: “La prosperidad de las naciones, las regiones, las empresas y los individuos depende de su capacidad para navegar por el espacio del conocimiento. La potencia es en lo adelante conferida por la gestión óptima de los conocimientos, ya sean técnicos, científicos, del orden de la comunicación o que tengan que ver con la relación “ética” con el otro. Mientras mejor logren los grupos humanos constituirse en colectivos inteligentes, en sujetos cognitivos abiertos, capaces de iniciativa, de imaginación y de reacción rápidas, mejor aseguran su éxito en el medio altamente competitivo como es el nuestro.
Sin embargo no utilizamos esta herramienta en toda su potencialidad. Se ha demostrado  que el desarrollo de la inteligencia colectiva requiere de modos específicos de interacción grupal y de la diversidad misma de los grupos colaborativos. ¿Qué debiéramos hacer para mejorar nuestras prácticas digitales?
El artículo del portal Tendencias 21 brinda unas cuantas herramientas centradas básicamente en el desarrollo de la sensibilidad social a la cual definen como “la buena disposición para ser flexibles en la asignación de ocupaciones y para que los todos los miembros del equipo puedan aplicar sus habilidades a cualquier desafío presentado.
Traducido a nuestras prácticas en la red se trata de ser tan buenos lectores como productores de información. La capacidad de seleccionar y compartir contenidos y participar de debates con un sentido constructivo.

Recorriendo la Red:
Un interesante artículo publicado por la OEI: “Desde nuestro punto de vista, la discusión sobre educación multicultural surge en el momento en que ciertos aspectos de la variable cultura, en tanto variable representativa de la diversidad, se introducen en el aula y en la escuela. Cuando existe una presencia de grupos étnicos claramente diferenciados por razones del color de piel, lengua materna, valores y comportamientos religiosos, y, junto a todo ello y otros elementos más, diferencias socioeconómicas, se reconoce la necesidad de una educación «especial» para atender tales diferencias. Aparece una nueva forma de conceptualizar la discriminación que se practica a través de la escuela: la discriminación por la diferencia cultural. La vieja (?) escuela discriminatoria y reproductora de las diferencias de sexo y clase también discrimina ahora (siempre lo hizo) quienes pertenecen a grupos culturales diferentes al dominante y hegemónico en ella, y ambas discriminaciones, lógicamente, caminan juntas.”


Un país de coloresUn muy interesante blog catalán sobre gestión y patrimonio cultural. Recomendamos especialmente la nota sobre la relación de los museos con sus visitantes. El blog está escrito en catalán pero apelando al traductor de google se puede leer perfectamente en castellano. Lo conocimos gracias a un comentario que dejaron en un post anterior y la verdad es que vale la pena leerlo.


Facebook de una comunidad mapuche de Argentina dedicado a difundir – y enseñar – la historia, la cultura y el idioma de ese pueblo milenario.


Dicen los diarios:
Una interesante nota sobre la editorial de la Universidad Nacional de Villa María – Córdoba, Argentina – que destaca el trabajo de las editoriales universitarias.

La estética de las redes sociales es todavía una materia pendiente. Y quizás lo sea siempre pero vale la pena seguir estos debates.

Abriendo Archivos:




Nota Relacionada:

23 febrero, 2011

Indicadores del cine en la Argentina

Una nota reproducida por el boletín Punto Panorámico detalla algunos indicadores de la industria cinematográfica argentina. Se dice allí:
Según cifras de la consultora Ultracine, durante el año 2010 el mercado cinematográfico argentino contó con 38 millones de espectadores (un crecimiento del 15% respecto de los 33 millones de 2009), mientras que la recaudación total pegó un salto del 43% al pasar de los 472 millones de pesos de 2009 a 675 millones en 2010, producto en buena parte del alza del costo promedio de la entrada y la explosión de las salas 3D, cuyos tickets tienen un precio más alto.

La cantidad de público que fue al cine en 2010 lo posiciona como el segundo mejor año de los últimos tiempos, por detrás de los 42 millones de cinéfilos de la temporada récord de 2004. Cabe resaltar que las salas 3D significaron el 18% del público total y el 26% de los ingresos del mercado, una tendencia que irá en aumento durante 2011. En cuanto a los títulos, “Toy Story 3” superó los 3 millones de tickets vendidos, seguido por “Avatar” y “Shrek para siempre” que superaron los 2 millones, mientras que “Alicia en el país de las maravillas”, “Eclipse”, “El Origen” y “Harry Potter y las reliquias de la muerte (parte 1)” superaron el millón de espectadores. Entre estos 7 títulos, se quedaron con el 36,5% de la taquilla nacional. Las películas nacionales perdieron casi dos millones de espectadores respecto de 2009 (de 5,3 millones a 3,4 millones) y la cuota de mercado cayó del 16 al 9 %, despuntando el film “El secreto de sus ojos” que vendió casi 2,5 millones de entradas. Sólo 17 de los más de 100 estrenos nacionales que se registraron en 2010 superaron los 10.000 espectadores, con cuatro éxitos: “Igualita a mí” (835.000), “Carancho” (620.000), “Dos hermanos” (465.000) y “Gaturro” (415.000).
Llama la atención que en un mercado cinéfilo tan amplio como el argentino nuestras películas no tengan una repercusión mayor. La pérdida de dos millones de espectadores y la caída de siete puntos en la cuota de mercado son un fracaso difícil de esconder.
Sobre todo si se tiene en cuenta el aporte de espectadores realizada por "El secreto de sus ojos", película nacional ganadora de un Oscar. Lo peor del caso es que no vemos que esto sea motivo de debate en nuestros círculos culturales.

18 marzo, 2010

Los videojuegos como industria cultural


Una nota publicada en España destaca que… “El mundo del videojuego ha cambiado profundamente en los últimos veinte años y la percepción que tiene de él la sociedad también ha evolucionado. El reconocimiento del sector del videojuego como industria cultural, en marzo de 2009, ha supuesto un enorme estímulo para las compañías desarrolladoras y distribuidoras nacionales.
Se comentan allí algunos números que grafican muy bien la importancia del debate:
… este mercado consiguió una facturación mundial de más de 38.500 millones de euros en 2008, y registró un crecimiento del 15,2% respecto a 2007. De estos 38.500 millones de euros, más de 15.000 millones se obtuvieron en Europa. España aportó 1.432 millones de euros, y se convirtió en el cuarto país de la UE, y sexto a nivel mundial, en consumo de software de entretenimiento interactivo, por detrás de Reino Unido, Alemania y Francia.

Sobre la estrategia del estado español frente a este mercado se dice:
Reforzar la marca de hecho en España es esencial. En España llevamos años haciendo videojuegos, con mucho éxito tanto nacional como internacional, pero nos faltaba esto. Otras administraciones de países con menor peso en la industria hace tiempo que asisten a las ferias especializadas y apoyan a sus desarrolladores. Y España, hasta ahora, no lo había hecho. Gracias a la plataforma del ICEX, la industria del videojuego español tendrá mayor visibilidad. Algo esencial en un mercado como el nuestro", recalcó Fabriciano Bayo, director de Virtual Toys

Sobre la comercialización se dice:
“… la industria del videojuego está cambiando. Se están abriendo nuevos caminos; caminos en los que las multinacionales no podrán entrar y en los que las pequeñas compañías podrán ganar posiciones. Y es que la necesidad del producto físico, el que llega a las tiendas, es algo obsoleto. El futuro de los juegos interactivos está en la industria online, en las descargas de los juegos a través de la Red

En la Argentina, para adentrarse en el fenómeno, se puede consultar la página de la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Argentina. Se informa allí sobre herramientas de diseño, cursos, eventos, etcétera.
Recorriendo la web encontramos un documento de 2007 firmado por Mónica Jacobo y publicado por la Universidad Nacional de Córdoba donde se describe el fenómeno:

Los videojuegos surgieron en la década del 60´ y alcanzaron la popularidad comercial en los 70´. Su amplia historia de cuatro décadas llega hasta el presente con consolas hogareñas (por ejemplo la PlayStation,4) juegos para instalar en las computadoras personales, juegos multijugador off y online y aplicaciones para dispositivos portátiles como son los teléfonos celulares.” (…)
Mientras en la década de 1980 esta forma de recreación fue considerada una actividad casi exclusivamente para niños, en la actualidad forma parte de la vida cotidiana de personas de un rango etario amplio que incluye adultos.
Es un fenómeno de la industria del entretenimiento que produce dividendos económicos en algunos casos superiores al cine y promueve constantemente avances tecnológicos mediante el lanzamiento de productos que requieren de computadoras y dispositivos cada vez más potentes.
La proliferación de juegos en la vida cotidiana, los ha convertido en un medio que atrajo la atención de agentes del campo artístico. Los videojuegos como objetos culturales de la era informática, han aportado estéticas definidas, maneras de representar el espacio, personajes que incluso han pasado a protagonizar películas cinematográficas como Lara Croft 6, por citar solo una; han recreado géneros como el de aventuras; instaurado otros como los juegos de disparos en primera persona y han dado lugar a la implementación de técnicas nuevas para la creación, llegando a conformar un campo denominado Game Art.
” (…)
El teórico Stockburger11 propone una categorización de las estrategias artísticas en el contexto de los videojuegos que abarca: apropiación, modificación y producción de juegos originales. Consideramos que esta taxonomía puede ser útil para analizar las obras citadas precedentemente debido a que implica diferentes aproximaciones a un mismo objeto cultural de la era digital: los videojuegos, a partir de las elecciones y posibilidades técnicas, económicas y subjetivas de cada artista o grupo de productores.

La autora menciona la existencia de pocos espacios de encuentros y promoción de los videojuegos nacionales.
Desde la gestión cultural estimo que se trata de un dominio de producción cultural al que no le hemos prestado demasiada atención.
Sin embargo el juego es en sí misma una actividad cultural. Y en este caso, además, con un alto componente artístico y con un público creciente.
Quizás debiéramos repensar el concepto mismo de industria cultural y estar más atentos a los nuevos consumos culturales. Apropiar tecnologías y recrearlas dentro de nuestros propios horizontes simbólicos.

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14 marzo, 2010

El Estado como productor cultural

Un artículo publicado el blog Kaniwa de la Dirección General de Bibliotecas de la Universidad Veracruzana pone en discusión el lugar del Estado y su administración cultural frente al mercado del libro. Con el título Paradojas del Gasto Educativo y Cultural en México comienza reproduciendo algunas ideas del ensayista Rafael Pérez Gay:

En otras páginas he expresado mis dudas acerca del tamaño del editor estatal mexicano. Vuelvo a hacerlo aquí: ¿Tiene sentido sostener un Estado-editor de las dimensiones del que tenemos? No. ¿Tiene sentido editar cientos de miles de libros al año con una red no mayor de siete mil bibliotecas y un sistema de distribución que no excede los trescientos puntos de venta como los que regentea el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes? No. Es como comprarse veinticinco llantas de refacción para un solo coche, nada más por si se ofrece.
“Desde luego, no creo que el Estado deba abandonar la edición de libros, pero considero un error que se proponga como múltiple casa editora con los dineros públicos. El fracaso ha sido rotundo: el consumo no aumenta, la distribución es inexistente; en consecuencia, los lectores brillan por su ausencia y la industria editorial vive en un estado de desnutrición grave
.”

El autor no promueve la desaparición del Estado – en este caso mexicano aunque el sayo puede caerle a otros estados – del mercado editorial sino que llama la atención sobre la necesidad de articular esa actividad de un modo que podríamos llamar más industrial:

… hemos llegado al bochornoso escenario en el cual se diseña un plan editorial que quizás elogiarían en España, pero con un consumo como el de Nicaragua y un sistema de distribución y comercialización adecuado para un país como Barbados.” Y agrega: “Si se revisan el cine, el teatro o la música, aparecerá la misma fuerza paradójica: gastar el dinero en la misma casa de gobierno e instalar grandes aparatos sin público. ¿Quiere decir todo esto que el Estado no debe invertir en libros? No: quiere decir que debe gastar en bibliotecas (no en el delirio de una megabiblioteca) y en las editoriales privadas serias que sean capaces de surtir títulos que valgan la pena para enriquecer esos acervos”.

Sin pretender opinar sobre el fondo de la cuestión – asunto reservado a la ciudadanía de México – debemos decir que frecuentemente las políticas culturales van de extremo en extremo: a veces produciendo obras que a nadie llegan, otras contratando artistas con altísimas convocatorias de público que garantizan fama y aplausos a los decisores políticos.
El Estado puede – y debe – ser un productor cultural porque la reproducción de nuestras culturas no puede quedar subordinada al mercado. Pero debe hacerlo con la misma inteligencia de los mercados: construyendo cadenas de valor que garanticen la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios culturales.

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12 enero, 2010

Gestión cultural entre frutas y verduras

La gestión cultural puede ocupar los lugares más inverosímiles: los únicos límites son el buen gusto y la creatividad de quien gestiona.
Dicho así no pasa de una mera declaración voluntarista. Y sin embargo sobran los ejemplos.
Alguna vez hablamos de gestión cultural en una vidriera. Otra de gestión cultural hospitalaria; de una protesta política con aire circense o de un almacén museo.
Podríamos, además, citar el caso de la hermosamente caótica feria Tristán Narvaja de Montevideo donde puede comprarse casi de todo: desde pájaros y cebollas hasta música, artesanías o libros antiguos.
Pero ¿Puede una opera surgir entre los puestos que venden fruta, fiambres o pescado? Habrá, naturalmente, dificultades técnicas de todo tipo; faltará la caja de resonancia propia de un teatro o el despliegue de la escenografía, tampoco habrá dispositivos para subtitular en el idioma de los asistentes. Y sin embargo el público puede disfrutarlo.
Claro que para esto la gestión cultural debe hacerse cargo de la formación de públicos, y no solo de la captación de espectadores con todo lo importante que es esto último. Las personas necesitamos que nos muestren y nos ayuden a apreciar las distintas formas que puede asumir el arte. A comprender sus códigos y simbologías.
Esto es lo que están haciendo desde el sitio “Eso que se conoce como la opera” y han colgado en youtube un video que les proponemos compartir: una iniciativa que vale la pena conocer, difundir y, creativamente, replicar.

16 diciembre, 2009

Gestión cultural y política urbana

¿Puede un centro cultural convertirse en actor político manteniendo su independencia de la política partidaria? Y además crecer en la consideración pública.
Esto ha sucedido con el centro cultural Estación Provincial cuyo proyecto de mejoras urbanas en el barrio Meridiano V de la ciudad de La Plata resultó electo por sus vecinos por tercer año consecutivo. Y además creciendo en cantidad de apoyos recibidos. En el año 2008 obtuvieron 350 votos, en el 2009 501 votos, y ahora, respecto del presupuesto participativo 2010 1654 sufragios a favor.
Decía su “propaganda electoral”:

Los días 21 al 29 de Noviembre se realizan las terceras votaciones del Presupuesto Participativo. En este marco asociaciones, grupos culturales, vecinos y comerciantes del Barrio Meridiano V presentamos un proyecto para seguir mejorando el espacio publico (ya logramos la construcción de la plaza y la reparación de los baños públicos).
Todos apostamos a transformar los terrenos próximos a la Estación para que sean un espacio de encuentro cada vez mas atractivo y a su vez permitan ser un puente entre la comunidad y las propuestas culturales que se vienen realizando desde cada espacio.
En esta oportunidad apostamos a la “Recuperación del espacio con iluminación, bancos, circuito peatonal, y arreglo de veredas en 71 de 13 a 19 y un quirófano móvil para castración y cuidado de animales”


Podríamos preguntarnos que tienen que ver con la gestión cultural la “reparación de bancos” o “un quirófano para castración de animales”. Visto así parece más el reclamo de una junta de fomento que una propuesta cultural.
Sin embargo cuando se promueve participativamente la jerarquización, cuidado y embellecimiento del espacio público se está “culturando”.
La clave está en la participación y compromiso del habitante con su barrio: la construcción de ciudadanía.

Realizaron su “campaña electoral” sumando trabajo físico en el territorio y una fuerte presencia en los medios digitales: sitio web, facebook y mensajes de textos. Parte de su propaganda consistió en enseñar al vecino a votar vía mensaje de texto lo cual moderniza – en muchos sentidos – el concepto mismo de participación.
Cuando este centro cultural se preparaba para participar de las elecciones de presupuesto participativo en 2008 decíamos:

“La experiencia puede ser muy interesante porque ubica a la gestión cultural en un espacio de construcción ciudadana que reivindica al campo de la cultura en su pleno sentido social e histórico.El domingo próximo, ciudadanos y ciudadanas de La Plata definirán si este u otros proyectos son legitimados por la voluntad popular. El resultado electoral consagrará – más allá de la cantidad de votos de cada uno – una manera de construir la ciudad.Y la gente de estos centros culturales estarán en condiciones de enseñarnos cómo la gestión cultural puede involucrarse en la vida política de la ciudad sin perder su autonomía esencial.”
Transcurridas otras dos elecciones desde aquella nota los amigos y amigas de La Plata nos han dado una lección de cómo puede hacerse esto; de cuán atractivas pueden resultar iniciativas de este tipo para los vecinos y, sobre todo, de cómo la gestión cultural puede construir poder vinculándose a la política ciudadana sin subordinarse por ello a las lógicas partidarias.



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28 octubre, 2009

Economía de la atención y gestión cultural

El suplemento económico del diario Clarín de Buenos Aires publicó el último domingo algunos artículos que pueden resultar útiles para pensar la economía de la gestión cultural.
Citando, entre otros, al Premio Nobel Herbert Simon se refiere a la llamada economía de la atención titulando: “Riqueza de información, pobreza de atención”.
Lo explican con una cita de Simon: “lo que la atención consume es bastante obvio: la atención de sus receptores. De esto se deduce que una riqueza de información produce una pobreza de atención”.
Para entenderlo cabalmente basta con una simple comprobación: trate usted de recordar cuántos mensajes, de todo tipo, recibe a lo largo del día y a cuantos realmente le presta un mínimo de atención.
El crecimiento exponencial de los volúmenes de información lleva a que aumente el valor de la atención de las personas. Y esto porque estaríamos aplicando recursos escasos – la atención de las personas – a fines infinitamente múltiples – los mensajes disponibles en un tiempo y espacio determinado.
Claro que la comunicación involucra, además, aspectos simbólicos de todo tipo que pueden hacer que un mensaje se vuelva más o menos relevante para uno u otro receptor. Y eso, en un extremo es cultura y, desde el vamos, arte.
Un ejemplo muy interesante al respecto lo trae el mismo suplemento en la nota de contratapa titulada. Tickets, sponsors y rock and roll: el negocio de los recitales en la Argentina.
Se analizan allí las diferentes modalidades que caracterizan al negocio de los recitales lo cual, a nuestro juicio, está enmarcado en aquello que en otra entrada de este blog hemos caracterizado como un verdadero cambio cultural en la industria musical.
Hay artistas que financian la actividad con la venta de los Tickets – entradas – al recital y subsidiariamente algún recurso publicitario. Otros, cuya convocatoria es decididamente masiva invierten la fórmula: el foco económico está en los anunciantes que utilizan su concierto para atraer la atención del público.
Aunque, como sostiene la gerenta de marketing de una empresa que suele participar como sponsor de grandes marcas: “No hay una relación con la venta directa, pero salta en la afinidad de la marca con el mundo de la música”.
Además hay marcas – Personal Fest, Quilmes Rock y Pepsi Music, según la nota – que se superponen directamente con la propuesta artística relegando, hasta cierto punto, al artista a un segundo plano. Simplificando la mirada podríamos decir que el artista importa porque participa en ese evento.
El arte se vuelve vehículo para captar o asociar la atención del público con una propuesta comercial determinada. Esto, por cierto, actualiza los debates de todo tipo habidos sobre la relación entre arte, cultura de masas y mercados.
Simplificando podríamos decir que el arte o la producción artística para ser más exactos construyen tres tipos de relación no necesariamente excluyentes entre sí:

- El arte sostenido por la atención de su propio público.
- El arte como vehículo de las marcas que necesitan convocar la atención del público
- El arte subsumido en las estrategias de marketing de grandes empresas

La verdad es que, como gestor cultural, convivo mejor con los dos primeros modelos que con el último. Pero lo cierto es que todos ellos existen y hay muchos (y muy buenos) artistas que no dudan en recurrir a las más diversas combinaciones posibles.

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17 septiembre, 2009

Gestión cultural y libertad de expresión

Una nota del diario Los Andes de Mendoza da cuenta de un conflicto entre una artista plástica de esa ciudad y un banco cooperativo que censuró las pinturas que iban a exponerse en la sucursal mendocina del mismo.
El hecho tiene varias aristas que conviene pensar desde la gestión cultural. Veamos que publica el diario en torno a lo dicho por los protagonistas:

La imagen de una Virgen sobre un cuerpo desnudo de mujer era una metáfora social y a la vez el reflejo de la relación entre la simbología femenina y la iconografía religiosa. La obra formaba parte de la muestra "Cuerpos sin espinas" y fue una creación de la artista plástica mendocina Cristina Pérez. Sin embargo su visión del mundo tuvo un paso fugaz ante la vista de los visitantes porque fue levantada sin aviso tres días después de su inauguración en la sala de arte Juan Scalco, del banco Credicoop ubicado en calle 9 de Julio de ciudad. ¿Las razones? Directivos del banco aseguraron que las obras eran "ofensivas" y las retiraron porque habían recibido quejas de algunos clientes. La artista reclamó pero la muestra no volvió a exhibirse allí.” (…)
"No sólo hubo una ruptura del vínculo contractual sino que hubo discriminación. La muestra fue levantada de mala manera en un banco muy progresista y muy democrático porque es una cooperativa y se jacta de eso. Lo llamativo es que nadie objetó la muestra antes, y la conocían. El problema es la discriminación por la temática de la obra y nadie tiene el derecho a juzgar una expresión artística", agrega el letrado. Para conocer la decisión del banco frente a la decisión judicial, Los Andes se comunicó con directivos del banco Credicoop que se comprometieron a realizar una declaración durante la jornada de ayer, pero finalmente no sucedió. El lunes salió el fallo de la juez en lo civil Silvina Miquel y aunque es favorable, la artista dice que "esto no se termina acá, seguramente el banco hará una apelación pero estoy contenta porque se nos dio la razón no sólo a mí, sino a un equipo de gente que trabajó conmigo, este no es un camino solitario
".

En una nota relacionada que publica el mismo diario Graciela Distéfano - Directora del Espacio Contemporáneo de Arte – plantea un debate interesante:

Creo que en el caso de la obra de Cristina Pérez se reaccionó de manera desproporcionada. Creo que no sólo hay censura sino también autocensura por parte de los espacios de exposición, sobre todo cuando se trata de un banco, que a pesar de tener una ideología progresista se dejó llevar por la queja de algún cliente y el banco no quiso perder ese cliente, eso está claro. Negocios son negocios.
También se abre la discusión sobre los espacios donde se hacen las muestras. Creo que no era el lugar adecuado, fue una concepción voluntarista pero no adecuada. La sala donde transita público que no está por el arte no es el mejor lugar y pasa a ser de cotillón o un adorno de un espacio. Creo que el caso es un disparador sobre otras discusiones. Aclaro que estoy de acuerdo con que el arte se integre a la vida, pero hay que pensar seriamente que lugar se le da.


En primer lugar, la gestión cultural necesita financiamiento y las empresas son una opción posible pero debe haber una coherencia sin cortapisas entre los valores que expresa la gestión y los valores de quien provee los recursos.
Una empresa que cree, como se sostiene, que “negocios son negocios”, no es una buena socia para la gestión cultural. Es un límite que, en términos profesionales, no debiéramos traspasar.
Párrafo aparte merece el accionar de los funcionarios del banco que actuaron como banqueros y, visto los resultados, sin el menor asesoramiento respecto del acto mismo de montar una exposición de arte. Como bien se dice en el artículo citado se opero más desde una concepción decorativa, como quién agrega un jarrón más al mobiliario.
Sin entender que, aunque se pretenda lo contrario, el arte hace más que decorar: revela una concepción del mundo, expone una mirada, culturiza las formas para decirlo rápidamente. Y cultura significa proyecto pero también ideología (cosmovisión) en el sentido más amplio posible.
Y allí está, a mi juicio, la arista más fuerte de este debate, la contradicción entre dos valores igualmente válidos: la libertad de expresión y el respeto a la diversidad.
Una y otro son condición imprescindible de la gestión cultural: no es tal si no contempla ambos valores como centro de su accionar.
¿Cómo hacer convivir símbolos de culturas que pueden estar en contradicción? ¿Cómo respetar la particularidad religiosa sin menoscabar la libertad expresiva del arte?
Creo que Graciela Distéfano aporta una pista interesante: “…hay que pensar seriamente que lugar se le da”
Ese lugar es físico y también simbólico; no es lo mismo la pared del templo que un paredón de libre disponibilidad. Entre uno y otro media la misma distancia que va de la libertad de expresión a la provocación.
Se cultiva la libertad no aceptando censuras de ningún tipo y se cultiva la convivencia no cayendo en la provocación. Siendo claro con el público a quien se dirige nuestra propuesta se cultiva, además, la honestidad intelectual y profesional.
En sociedades democráticas (y aunque imperfecta la Argentina lo es) el arte puede ser militante y aún utilizarse como herramienta política pero no como arma que, por otro lado, ni siquiera parece ser la intención de la artista.
En este caso parece haberse producido una mezcla explosiva: el absoluto desconocimiento de formas elementales de gestión cultural por parte del patrocinador de la muestra más cierto “voluntarismo” de la artista. Y una tremenda torpeza adicional: pretender que la censura resuelva el litigio.

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Límites de la gestión cultural

28 abril, 2009

Sistema de Gestión e Información de las Conferencias Iberoamericanas de Cultura

El último boletín de la OEI informa que se ha puesto en marcha el “Sistema de Gestión e Información de las Conferencias Iberoamericanas de Cultura” “…cuyo propósito principal es compilar en una base de datos la información de programas, proyectos y acuerdos alcanzados desde que en el año 1997 se estableciera la coordinación por parte de la OEI de las citadas reuniones de ministros. La información ha sido extraída de las actas oficiales originadas tanto de las Reuniones Preparatorias de las Conferencias, como de las Conferencias Iberoamericanas de Cultura, como de las Cumbres Iberoamericanas, por lo que la base de datos está estructurada en torno a los datos obtenidos mediante el análisis documental de todas esas actas.
Disponible en http://www.oei.es/SistemaInfoCultural/ la herramienta informática “…pretende ser una base de datos activa y actualizada. Para ello tras cada nueva Conferencia se irán incorporando nuevos datos. Además se mantendrán activos los “links”, con aquellos programas que en la actualidad tengan pagina web y quieran ser consultados por los lectores.
El sistema permite la búsqueda por Índices y dentro de estos por “Materias”, “Actas”, “Proyectos” y “Organismos”. Asimismo se puede buscar por campos si se tiene mayor información de la temática que se quiere consultar.

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25 febrero, 2009

La industria cultural se muestra sólida frente a la crisis global

Parece que en el sector cultura la crisis no ha logrado instalar el pesimismo. Así se desprende de una nota publicada por La vanguardia de España bajo el título: “El consumo cultural resiste la crisis”:
El economista Álvarez de Lara sostiene que "la industria cultural en general lleva un ritmo de crecimiento anual del 3% y 4%", y prevé que durante la crisis ese ritmo bajará, "manteniendo una subida del 0,5% o el 1 %".
Parece muy optimista frente a otros discursos que están previendo un freno económico de entre dos y tres años por no ser alarmistas. Pero expresan razones que – palabra más o menos – ubican al consumo cultural en las antípodas de la superficialidad que habría dominado a los mercados financieros.
Un dato muy interesante es el referido al llamado libro de bolsillo:
Hay cosas que van bien. Incluso "francamente bien", dice Núria Cabutí, directora editorial de DeBolsillo (Random House Mondadori). "En enero las ventas de libros de bolsillo han aumentado en España un 17 %". La editora, que toma como referencia el top 500 de la consultora Nielsen, lidera un sello que representa el 40% de todo el mercado español; el 45%, si se suman Tusquets, Roca y Edebé. DeBolsillo no varía su programa: 280 títulos al año, con precios entre 5,95 y 9,95 euros, tiradas entre 50.000 y 100.000 ejemplares y un catálogo que mezcla superventas, autoayuda y literatura de calidad.
Claro que estos números aparecen como exóticos para un mercado como el argentino donde las tiradas, salvo excepciones, no sobrepasan los dos mil ejemplares. Y donde hablar de seis a diez euros debe computarse con un tipo de cambio que multiplica casi por cinco el valor final con sueldos, claro está, que no siguen esa relación.
La nota analiza la realidad de diferentes sectores de las industrias culturales, desde el espectáculo hasta el mercado de arte claro que referida a la realidad de Barcelona. De cualquier manera, seguir estos números nos puede ayudar a pensar el impacto que sufrirán nuestros mercados. Sobre todo porque las crisis suelen ser darwinianas: se descargan con más fuerza sobre los más débiles atentando contra la diversidad cultural ya de por sí débil en términos de mercados.

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Crisis económica global y gestión cultural

16 febrero, 2009

Crisis económica global y gestión cultural

¿Cuánto afectará la crisis económica global a las actividades culturales? Es una pregunta que conviene hacerse.
El País, de España, publicó estos días una nota referida a los escritores que empieza a delinear algunas posibles respuestas. Es más, creo que con matices estas opiniones pueden ser representativas no sólo del mundo literario sino del más amplio espacio de la gestión cultural. Veamos algunas:

"No me afecta especialmente. Es posible que a lo mejor haya alguna conferencia menos, o alguna invitación de lectura menos, pero no a un nivel para llamarme la atención. Sigo teniendo conferencias y lecturas. Se siguen reeditando mis libros y se siguen leyendo. La crisis económica no es algo que me incumba a la hora de escribir, ya que he pasado rachas económicas de mayor estrechez y he seguido escribiendo. Puedo escribir igual en un hotel de cinco estrellas que bajo las estrellas sin hotel (Juan Cobos Wilkins, novelista)"

"Las editoriales arriesgan cada vez menos en sus apuestas. Y las apuestas que hacen son cada vez menos numerosas. Si antes tenían tres o cuatro cartuchos, ahora sólo tienen uno y no se pueden permitir el lujo de fallar (José María Pérez Zúñiga, novelista)"

"Quizás haya menos lecturas y conferencias. Un poco sí lo estoy notando, pero tampoco mucho. Amigos comentan que tienen menos actividad desde el otoño" (…) "Creo que el dinero público no se va a poder gastar tan alegremente como antes. Habrá editoriales, sobre todo minoritarias, que si no cierran se tendrán que replantear su funcionamiento. Como visitante de librerías veo una superproducción bibliográfica que se tendrá que ajustar (Juan Lamillar, poeta y profesor de Literatura del IES San Pablo de Sevilla)"

"Por desgracia para muchas instituciones, la cultura muchas veces es un lujo. Creo que las instituciones recortarán ayudas y las editoriales privadas se verán afectadas igual que otros sectores de la actividad empresarial. Quizás esta crisis contribuya a desatascar el mercado editorial, que estaba saturado de novedades. Quizás lo desatasque en una cruel selección natural que es propia del capitalismo. No creo en este tipo de purgas ni las deseo. Debe ser el lector quien las realice y no el mercado (Juan Antonio Bernier, poeta y profesor de español en Burgas (Bulgaria)"

"Como escritor, no noto la crisis económica. Puedo escribir igual. A lo mejor tengo más temas para escribir" (…) "Mi grupo editorial ha vendido más que nunca. En la pasada Navidad, la gente no ha podido regalar otras cosas y ha regalado libros (Hipólito G. Navarro, novelista y autor de relatos)"

Resumiendo un poco:

- la creación en sí no se detiene, incluso puede resultar fortalecida por las necesidades de reflexión, sentido y evasión que la propia crisis genera.

- la comercialización se ha visto muy poco resentida hasta ahora, ya sea en términos de productos (libros) como de servicios (conferencias, lecturas, etcétera).

- las expectativas, sin embargo, están a la baja: reaparece el temor a la cultura vista como un lujo prescindible, a la reducción de fondos públicos, etcétera.

Es muy difícil pensar que la crisis económica no vaya a golpear al campo cultural, aún con los matices propios de cada dominio. Pero también es una oportunidad creativa ya que, finalmente, obliga a repensar el mundo.
También es cierto esto que marcaron algunos autores: algunos dominios y algunas plazas parecen haberse saturado y la crisis puede terminar desatando una cruel selección de mercado. Creo que por ahora hay una sola certeza: esto recién empieza.

27 enero, 2009

Música es cultura

Un grupo de artistas de la música ha presentado en Madrid un manifiesto en favor de la sanción, en España, de una Ley de Música. El texto lo hemos tomado de "elmercuriodigital". La música es cultura y la cultura se gestiona parecen decir desde este colectivo artístico.
Desde los países hispanohablantes de la América podríamos suscribir muchos de los supuestos y reclamos que hacen en España. Claro que no ha de ser la misma situación, sobre todo en el campo legal, en cada una de nuestras naciones.
Pero más allá de ello compartimos la idea de que el campo musical está sometido a múltiples tensiones provocadas, nos parece, por la concentración de públicos en unas pocas productoras discográficas globales, la indiferencia de los grandes mediios hacia estilos y repertorios no masificados y por la piratería que, si bien ayuda a derribar barreras de distribución también perjudica la posibilidad de remunerar a creadores e interpretes.
Desde este lugar adherimos a la idea de que los estados nacionales deben intervenir en este mercado en favor de la diversidad creativa, la democratización del acceso y la formación de públicos. Con este objetivo difundimos el manifiesto madrileño.


MANIFIESTO POR UNA LEY DE LA MÚSICA

Manifestamos: Que existe un trato de no igualdad e indiferencia hacia la música en relación a otros sectores culturales, como puede ser el teatro o el cine.

Además, la música popular no está considerada cultura ni existe una regulación cultural de la misma.

Nunca ha habido una ley de la música y todos los que trabajamos en este sector, sobre todo del directo, sentimos una indefensión que va, desde un trato discriminatorio a los artistas y músicos en general, hasta una indefinición asombrosa para los profesionales y las salas de música en directo.

Que, en cambio, el sector de la música popular está compuesto por un conglomerado rico y complejo, con una importantísima iniciativa privada y diferentes estamentos que la hacen posible:

.- Una importante base artística, compuesta por autores, intérpretes, músicos y artistas.

.- Varias entidades de gestión de derechos.

.- Una industria discográfica, actualmente en fase de remodelación.

.- Los conciertos, de gran importancia cultural, de comunicación artística, de generación de empleo y de creación de nuevos públicos.

.- Y un público con demanda creciente de calidad y diversidad musical.

Por ello RECLAMAMOS:

Una Ley de la Música:

a) Que reconozca que todas las músicas son cultura y que garantice al público el derecho constitucional de acceso a la cultura y el de la libertad de expresión a los creadores.

b) Que dignifique la música popular atendiendo a los criterios de calidad, diversidad cultural e independencia, capaz de potenciar y defender el mercado nacional, entendiendo por éste la música que surge dentro del Estado español.

c) Que contemple normas de excepción cultural en pro de la pluralidad cultural.

d) Que regularice el sector desde un punto de vista cultural, regulando las competencias de las diferentes administraciones.

e) Que marque un modelo de gestión sobre las músicas, coordinando todos los organismos que afectan al fomento de las mismas.

f) Que propicie la creación del Estatuto del Músico, con el fin de dignificar su condición.

g) Que se potencie la creación de un Código de Buenas Prácticas dentro del sector.

h) Que se cree un convenio artístico que regule la especificidad del sector: colegiación de profesionales, marcos de actuación, seguridad social de artistas, etc.

i) Que se cree una licencia homologada para las salas de música en directo que considere la labor cultural de estos espacios.

A nuestros representantes en las administraciones y a los legisladores,

EXIGIMOS:

Que se lleven a cabo las medidas ejecutivas y legislativas necesarias para llevar a la práctica las reclamaciones enumeradas anteriormente y apoyaremos las iniciativas que se propongan desde el INAEM, desde el ministerio de Cultura y el resto de Instituciones Públicas, siempre y cuando vayan en esta dirección.

Invitamos a los músicos, autores e intérpretes, a las asociaciones, a los profesionales de la música y al público en general, que se adhieran y hagan suyo este Manifiesto".

El Manifesto puede suscribirse enviando por correo electrónico con nombre, apellidos y Nº de DNI a: info@salasdeconciertos.com. Hoy mismo se han adherido la SGAE y la AIE.

El acto, por otro lado, ha recibido el espaldo de la European Composers & Songwriters Alliance (ECSA), que agrupa a 30 organizaciones de 22 países, han decidido "suscribir el Manifiesto con el que el sector de la música en directo español reclama una Ley de la Música que aspira a lograr las mejores garantías para sus profesionales y el público".

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Gestión Cultural, arte y poder

Lanzan la marca "Folklore Buenos Aires"

02 octubre, 2008

Tecnología y cambio cultural

Una nota en el Diario de los Andes, firmada por Claudio Barros, plantea el viejo problema de la relación entre tecnología y cambio cultural:

El tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos”, cantaba Luca Prodan en los ’80 adaptando la letra de Pablo Milanés y describiendo los tiempos que se venían. ¿Qué tiempos se vinieron? los de la renovación tecnológica en forma vertiginosa, de cosas que durante décadas convivieron con nosotros y hoy las reemplazamos por nuevos productos más eficientes, mejor diseñados aunque quizá no tan necesarios.

Avanza con una lista, no exhaustiva, de artefactos tecnológicos que, en pocos años, dejaron de ser: desde los disquetes hasta los discos compactos que los reemplazaron y hoy están en vías de extinción lisa y llana.

Todos estos cambios no sólo son una cuestión de consumo, sino más bien cultural. Está cambiando nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Ya no se arregla el reproductor de DVD, se tira y se compra nuevo porque es más barato. Hoy ya no es necesario hacer colas en el banco para pagar impuestos porque los home bankings por Internet permiten hacerlo desde el hogar. Parecen comodidades pero son también cambios importantes, y en breve llegarán otros. El arribo de la alta definición promete darnos estrenos de películas y series con una calidad que nos atornillará al sillón de casa para no perdernos nada. Parece lejano y caro, pero no hay que olvidar que igual se apreciaba mucho de lo que hoy poseemos y tenemos ganas de renovar.

Mientras tanto una nota de Infobae nos cuenta una travesura de Google para celebrar sus diez años: “Ofrece los resultados que en 2001 hubiesen tenido búsquedas hechas hoy. iPod, YouTube, Wikipedia, Guerra de Irak Nada de eso aparecía en esa época ...

Una pregunta casi obvia: aquellos 10 u 11 de noviembre de 1989 cuando el mundo leía en el diario o veía por televisión la caída del muro de Berlín ¿Cuántas personas de ese orbe habían oído hablar de Internet? Cierto es que existía para ámbitos más restringidos como el académico o el militar, pero la inmensa mayoría de los mortales ni siquiera la hubiera imaginado. Pero todo esto, incluso Google y el iPod ya son el diario de ayer.
Y nada más viejo que el diario de ayer, solía decir un viejo refrán; pero pareciera que lo viejo empieza a ser aquello que nacerá mañana ¿Pareciera?
La verdad es que vivimos tiempos tan acelerados que casi podrían definirse como de cambio constante; y si esto es así ¿Cómo se adaptan las personas? ¿Y las instituciones? ¿Y los gobiernos? Escenarios posibles, planificación proactiva e interactiva son algunas de las herramientas que solemos mentar cuando hablamos de cambio cultural.
Pero todo esto deja afuera esa dimensión más humana que es la cotidianeidad, ese lugar efímero donde las culturas se expresan, a veces en piloto automático.
Cultura es estrategia de vida, decía Kusch; y las estrategias tienden a la adaptación pero ¿Y las identidades emergentes de esas culturas? Entre una y otra opera el tiempo, pero un tiempo jerarquizado por los símbolos.
Y muchas veces no operamos sobre ese tiempo y los símbolos que lo maduran. Dejamos que los intereses, que legítimamente a veces, siempre operan.
En la etiqueta “identidad y cultura” de este blog venimos reflejando algunos de estos debates impulsados por el cambio constante. La gestión cultural tiene sobre estos tiempos subordinados al cambio mucho para preguntar y preguntarse.

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01 octubre, 2008

Asociaciones culturales ¿en vías de extinción?

Una nota del Diario Vasco expone una investigación realizada en España sobre el estado de las asociaciones culturales de ese país:

Un informe elaborado por el Instituto de Estudios de la Universidad de Deusto sostiene que el asociacionismo cultural ha dejado paso a otra clase de participación popular: la vinculada a demandas relacionadas con servicios, damnificados o el consumo.

...más de la mitad (el 52%) afirman mantenerse gracias a partidas de las arcas públicas, su segunda fuente de ingresos tras las cuotas. Siete de cada diez de las que funcionan han surgido en los últimos 15 años (la mitad de ellas a partir del 2001) y apenas el 10% se fundaron antes de 1975. El estudio censa 49.568 sociedades en España y constata el envejecimiento progresivo de sus socios, (más del 60% de ellos ronda los 40 años) y tres cuartas partes (el 75%) cuentan con menos de cien asociados.

No tenemos a mano datos comparables de la Argentina pero sospechamos que el panorama no es muy diferente. Si aceptamos esto último como premisa los gestores culturales debiéramos empezar a revisar el contexto donde esto se produce.
En una presentación sobre el libro de Jeremy Rifkin, La Era del Acceso, comentábamos la disputa que el autor analiza entre la “esfera económica” y la “esfera cultural”. Y su afirmación en el sentido de que “La producción cultural se convierte en el fin último de la cadena del valor económico
No es de extrañar, entonces, que las personas tiendan más a participar en términos de “derechos del consumidor” antes que en el ejercicio de sus derechos culturales.
Sin embargo un paradigma semejante entraña una contradicción: la producción cultural supone un horizonte simbólico popular – en el sentido de toda la población – que no puede reducirse a criterios de rentabilidad empresaria.
En otra entrada de este blog nos preguntábamos ¿Es rentable la gestión cultural? Concluyendo que la disputa entre lo simbólico y lo “económico” ... "No es uno u otro espacio sino los dos al mismo tiempo; debiéramos perder el pudor por términos como cadena de valor, productividad, marketing y algunos varios etcéteras más.”
Podríamos pensar a la producción cultural como sostenida en tres capas superpuestas: una base amplia constituida por todos los habitantes participando en la producción, circulación y consumo de bienes y servicios culturales de los modos más diversos posibles; una segunda capa conformada por voluntarias y voluntarios que del modo más absolutamente amateur movilizan aquella participación popular y, finalmente, una capa profesional que desde lo público, lo privado o lo gubernamental dedica todo su tiempo y esfuerzo al desarrollo cultural.
Si entendemos, y compartimos, que el desarrollo cultural es el resultado de complejas interacciones entre las tres capas veremos que el envejecimiento, reducción y eventual desaparición del asociativismo cultural es una amenaza para todo el campo cultural. Incluso, y tal vez principalmente, para aquel de gestión privada.