11 junio, 2007

Empresas contratan Gestores Culturales



Una nota del suplemento económico de Clarín del 10/06/2007 da cuenta del progresivo ingreso de las empresas al mundo de la Gestión cultural.
Guillermo Heras - funcionario del Ministerio de Cultura de España y docente de un posgrado de Gestores Culturales en la Universidad Complutense de Madrid – dice : “...son cada vez más las que están invirtiendo en este tipo de actividades que generan imagen y prestigio”.
Veamos, según la nota, cuál es el perfil de gestor cultural que buscan las empresas:
- Juan José Romero - jefe de Gestión Cultural de Metrovías : "es imprescindible que tenga algún vínculo con el arte y la cultura".
- Juan Pablo Correa, con más de 15 años de experiencia en comunicación en el ámbito artístico: "es necesario que sepa de cultura o que esté al tanto de las nuevas tendencias".
- Pablo Puiggari, gerente ejecutivo de Comunicaciones de Petrobras, sostiene que es necesaria "una gran visión global de la empresa y una enorme flexibilidad para entender las distintas herramientas para posicionarla". Agregando que "a una persona del mundo de la cultura puede faltarle la mirada empresaria"
Para quienes elegimos esta actividad esto es, sin duda, una buena noticia pues amplía nuestro campo de acción profesional.
De las experiencias citadas en el artículo comentado la que nos resulta más familiar es Metrovías. Quines han participado de nuestros cursos de Gestión Cultural saben que hace algunos años que incluimos a esta empresa como uno de los casos de estudio.
El perfil cultural de esta empresa – concesionaria de los subtes de Buenos Aireas – incluye un conjunto de murales de indudable valor artístico e histórico. Además realiza una serie de eventos y concursos artísticos que supieron tener éxitos diversos cuyo análisis no es hoy nuestro objeto.
Más bien queremos, aprovechando la nota y la experiencia, hacernos una pregunta ¿Cómo puede vincularse la mirada cultural con aquello que, en la nota, se menciona como “mirada empresaria”?
En primer lugar debiéramos partir de que toda empresa es, en sí misma, portadora de cultura. Es fácil visualizar las cuatro relaciones esenciales que distinguen a una cultura – nicho ecológico, un nosotros diferenciado, una relación identitaria y una misión en un punto sacralizada.
El nicho ecológico – en sentido amplio – está vinculado al marcado en las empresas en general y, en Metrovías, también el estado en tanto explota un servicio público soportado por una infraestructura de propiedad estatal.
Una misión, como decimos en un punto sacralizable, que es el transporte de personas en condiciones de calidad.
UN conjunto de normativas, una memoria más o menos común y una serie de valores que permita a todos los integrantes de la empresa sentirse parte de un proyecto común.
Y, finalmente, una relación identitaria que le permite ser esa empresa que es y no otra. Resultante, claro está, de ese complejo modo de ser.
La identidad tiene, naturalmente, diversos niveles de expresión. Está aquello que en la nota se identifica como “... sectores más amplios de la sociedad”. Hacia ese público “más amplio” están dirigidos los esfuerzos artísticos que el responsable de cultura de Metrovías relata.
Pero hay una relación de identidad que es mucho más próxima y evidente y de la cual, paradójicamente, no se habla: los pasajeros.
Y esa relación aparece si no totalmente quebrada cuando menos seriamente cuestionada por sucesos recientes.
Un grupo de blogs de usuarios – ver listado, algunos subidos de tono – dan amplia cuenta de esa fractura. Y si su programa cultural nada dice de ellos estamos autorizados a pensar que no los toma en cuenta o, por lo menos, los oculta piadosamente.
También Metrovías arrastra un largo conflicto laboral que muestra, aquí sí, totalmente quebrada aquella relación cultural interna de la que hablábamos párrafos atrás.
¿Será que un programa cultural desarrollado por una empresa puede desentenderse de la cotideaneidad de la empresa? Pareciera que sí cuando la cultura es pensada en sus sentidos más restringidos: las prácticas estéticas, patrimoniales, etcétera.
Pero también puede pensarse en un sentido más amplio: como “estrategia de vida” decía Kusch.
Visto desde allí un programa cultural empresario debe – y puede – apuntar a expandir aquello que es la misión esencial de cualquier empresa: crear valor socialmente útil. Y obtener de ese valor, naturalmente, una tasa de ganancia sustentable tanto en términos de mercado como en valoración social.
Quizás sea necesario que las empresas amplíen la mirada sobre los fenómenos culturales y, consecuentemente, perciban con una complejidad mayor el perfil de profesionalización para sus actividades culturales. Los sufridos usuarios argentinos estaríamos absolutamente agradecidos.

Enlaces de Esta Entrada:
Un nuevo rol: el gestor cultural

6 comentarios:

Abel dijo...

Si bien es cierto que las empresas esten utilizando los recursos culturales para un mejor posicionamiento en el mercado, y que los que trabajan en la cultura ven ampliado su campo de acciòn, coincido con la nota que eso aùn no se ve y posiblemente sea por cuestiones de objetivos. Eso me hace pensar que los que trabajamos en estas carreras tampoco por ahora hemos sabido vender nuestra imagen para poder posicionar nuestra marca. Esto es no hemos aprovechado lo que tratamos de enseñar, y creo que eso deberìa ser producto de un debate en el futuro blog para los docentes.
Un abrazo
ABEL

Pablo Campos dijo...

Por un lado muestra la importancia que esta teniendo a nivel sociedad lo cultural y tener gente capacitada para la gestión de estos "recursos". Ahora en esta palabra esta mi signo de interrogación interno, cuando la cultura pasa de ser un bien a un recurso, entonces como es un recurso vemos como se amolda para llegar a mas consumidores, y nos encontramos con una estandarización de lo "cultural".
Por eso llevo el debate a donde debemos ubicar a la cultura, desde donde nos ubicamos como gestores, cual es nuestro punto de partida. Porque veo como cuando el punto de partida es el “recurso cultural”, es el “producto cultural”, me da miedo. Me da miedo porque llegamos una cultura meramente como un producto mas a vender, cuando, creo a nivel personal, es y debe seguir siendo un campo de batalla a la identidad, a ser yo y no un consumidor mas. Yo no consumo cultura, la genero. El hombre no consume cultura genera cultura.
Para ir cerrando mi miedo a estos intereses cada ves mayores es, y en muchos casos se puede ver, la búsqueda de homogeneidad cultural, para como muy bien dice Guillermo Heras : “...son cada vez más las que están invirtiendo en este tipo de actividades que generan imagen y prestigio”.

Fernando de Sá Souza dijo...

La verdad es que, hasta cierto punto, también consumimos cultura. Y, por supuesto, la generamos. No dejarse enredar en el mero producto, en el simple consumo es una cuestión de creatividad.
Como dijo Abel los docentes del Instituto tenemos en eso una gran responsabilidad. También los egresados. Y los estudiantes en la medidad que sean capaces de ir ampliando el campo profesional. El comentario de Pablo es un gran ejemplo de cómo se hace eso.

Marcela Castaño dijo...

Por qué no consumir, si vivimos en sociedades de consumo?
Si vos generás cultura produciendo un recital de rock o un programa de televisión, por ejemplo, vas a estar generando un producto para el consumo de alguien y que a su vez ese alguien va a generar más cultura, que te podrá llegar a gustar y/o compartir o no, pero eso ya es otra cosa.
Es innegable que CQC, Todo x 2 pesos, y otros o los fans de Los Redondos, Bersuit y el resto de las bandas, tienen una cultura propia y particular generada por ellos mismos: sus consumidores.

Pablo Campos dijo...

Hola, quiero ser mas específicos en algunos términos que utilice donde quizás no exprese lo que quería. Cuando hablaba de cultura como recurso o simplemente un bien de consumo, me refería a dejar encerrado a la cultura en un producto económico. No es lo mismo la artesanía que uno encontraba hace 5 años atrás en Pumamarca que el producto made in china.

Claro que me parece perfecto consumir cultura, mas es imposible no consumir cultura. Pero mi miedo no es cuando se crea un movimiento cultural como paso con los redondos de ricota como da el ejemplo Marcela. Mi miedo es cuando se busca estandarizar desde las grandes compañas transnacionales, desde los medios, muchas de ellas llamadas industrias culturales un concepto de cultura ajena, impuesta.

Ahora es cuando tiro una pregunta, un canal de televisión que tiene como prioridad lo puramente económico y decide pasar todo el día gran hermano, o comprar productos culturales extranjeros en ves de dar lugar a productos culturales propias (que no es lo mismo que producciones argentinas), es una industria cultural? Y si lo es, entonces que industria cultural queremos?

Bonfil Batalla hace una clasificación de culturas, las divide en cuatro:

1. Cultura autónoma
2. Cultura impuesta
3. Cultura apropiada.
4. Cultura enajenada

Yo tomo partido sobre lo que quiero, y cultura impuesta no quiero, es lo que veo en muchos medios y otros tipos de industrias culturales. No generalizo, claro que hay industrias culturales que si siguen otros conceptos y se guían por una idea de cultura autónoma o apropiada.

Si tengo una cultura autónoma o apropiada estoy en ambos casos generando la cultura, soy parte del proceso, en cambio a mi entender en una cultura impuesta soy solo un consumidor.

Puedo estar equivocado, pero es lo que siento, y para donde apunto. Creo que el interrogante sigue siendo el mismo, que concepto de cultura queremos defender como gestores culturales.

¿Quiero gestionar Disney en Argentina, o quiero gestionar productos como Todos por 2 pesos? Creo que no son lo mismo, en uno solamente se gestiona el producto, el proceso de creación ya fue vivido en otra cultura, en el otro se esta creando cultura también.

Admito estoy tirando un punto de vista totalmente de política a seguir, y soy conciente que se puede estar o no de acuerdo. Pero de eso estamos hablando, de tomar partido.

Fernando de Sá Souza dijo...

Hola Gente: una primera reflexión, la idea, lo piola, es debatir. No hay ninguna razón para que pidamos disculpas por pensar diferente. Es más, el pensamiento diverso es lo que dá vitalidad a una cultura. La diversidad estética, las improntas particulares son, junto al pensamiento crítico, los insumos básicos del desarrollo cultural. Desde la diversidad la cultura siempre es propia aún cuando alguien pretenda -como bien dice pablo - imponernos una perspectiva única.